jueves, 22 de abril de 2010

Quebrando la falsa religiosidad para ganar a Cristo

Estimados:

Pido a Dios en oración que estas palabras sean para nuestra edificación, colocándome en primer lugar como el más necesitado de su Palabra, que nos ilumine el entendimiento y siempre nos haga conocer su voluntad.

La pregunta que me surge en este momento es, ¿cuántos años de nuestras vidas hemos estado o estamos dentro de un grupo religioso llamado iglesia o cristiano?

¿Cuántos años hace que estamos persuadidos de ser hijos de Dios y de agradarle?

Digo esto porque veo por todos lados diferentes denominaciones, predicadores, iglesias, cristianos y todos están con una certeza increíble de que son de Dios.

Tradicionalmente la mayoría profesa ser católico romano: algunos practicantes y otros no practicantes. Los no practicantes creen a si mismos que con el hecho de decir soy católico es suficiente para estar del lado de Dios; los practicantes, con mayor razón, todavía creen ser hijos de Dios por todas las obras que hacen dentro de su religión, porque no faltan un domingo a misa y porque enseñan el catecismo a otros. Otros, sienten ser hijos de Dios porque llevan a su casa la imagen de María para adorarla, o llevan un crucifijo, o un rosario, etc., etc., etc.

El resto de la humanidad esta repartida en diferentes denominaciones, llámese evangélicos, bautistas, pentecostales, testigos de Jehová y muchas más.

Cada denominación tiene sus propias características, sus propios esquemas, que, analizándolos y comparándolos con la Iglesia cristiana de la época de Pablo, Juan, Pedro, son como el agua y el aceite, no tienen comparación.

Hoy se practican y se enseñan muchas cosas ajenas a la Biblia que nunca fueron practicadas por los cristianos de los tiempos bíblicos.

El problema es que muchos están plenamente convencidos de estar agradando a Dios, cuando en realidad no lo están haciendo, sino que están agradando y cumpliendo las normas y estructuras de la denominación a la que pertenecen.Y el cumplimiento de estas normas son las causantes de esta jactancia mala.

Por ejemplo, un católico adora un pedazo de piedra y le pide como si fuera Dios, él en su corazón se siente bien, pero porque está cumpliendo lo que su maestro le enseñó como algo que viene de Dios, pero que en realidad es algo contrario a la voluntad del Señor.

Muchos evangélicos andan creyendo y poniendo por obra las visiones que sus líderes les pasan, se sienten muy bien y llenos de Dios, pero esa "alegría" viene de estar obedeciendo una visión que su líder le enseñó como si fuera de Dios, cuando en realidad dicha visión no existe en la palabra de Dios.

Y así cada ser humano que hace parte de alguna religión se siente bien en practicar lo que le ha sido enseñado como algo que proviene de Dios.

El problema es que muchos vienen años arrastrando su religión sobre sus espaldas y se han acomodado y se sienten cerca de Dios, cuando en realidad todos esos años han caminado sin la presencia del verdadero Dios y peor aún, siguen caminando sin Dios.

A los carnales les viene bien la religión (y aquí hablo incluyendo a los evangélicos), porque no son enseñados por la verdad, sino que son enseñados por mentiras, entonces se conducen con todo libertinaje en este mundo, teniendo el mismo lenguaje y compartiendo las mismas impurezas. Ya no existen aquellas palabras del Espíritu Santo a Timoteo exhortando a los jóvenes a ser santos, sino que hoy solo basta que sean parte de una "iglesia", que tengan un cargo en la misma, que sean parte del coro, que sean parte del grupo de jóvenes, que vayan los domingos a la reunión, que lleven una remera inscripta con el nombre de Jesús, que digan con sus labios “creo en Dios”, para que se sientan hijos de Dios. Pero no son ellos solos los responsables de esta desgracia, sino de los mayores, de aquellos que supuestamente son los líderes, porque son ellos quienes enseñan con mentira que todas aquellas cosas externas bastan y nunca hablan de la santidad que debe un joven tener. ¡Pero como van a hablar de santidad si ni ellos mismos viven en santidad!

Verdaderamente en estos tiempos solo la misericordia de Dios para librar un alma de los engaños doctrinales, de las estructuras religiosas, de las vacías normas denominacionales y de los débiles esquemas bajo el nombre de cristianismo.

Porque hoy abunda como un campo minado las sectas bajo semejanza de iglesia del Señor.

Cada niño que nace hoy o que ha nacido hace mucho es muy probable que caiga en alguna de las redes que satanás ha preparado; veamos el mundo y lo entenderemos mejor. Por eso pido a Dios que tenga misericordia y conceda a muchas almas ser libres y venir al conocimiento de la verdadera vida cristiana.

Pido a Dios para que los jóvenes entiendan Su voluntad y puedan ponerse al servicio de las cosas eternas y no que sean esclavos a las pasiones carnales de este mundo, sino que entiendan que Dios los ha llamado a santidad.

Si queremos gozar de esa libertad prometida debemos estar dispuestos a romper cualquier esquema y estructura en la cual nos apoyábamos como verdaderas y tirarlas a la basura con el fin de conocer a Cristo. Sin importar que esto represente dejar una congregación, perder "amigos", tener conflictos familiares u otras luchas más, porque ciertamente es mejor quedar como solo que irme acompañado de muchos al infierno por toda la eternidad.

Mi pregunta es, ¿estás dispuesto?

En la Biblia hay un testimonio maravilloso de lo que representa romper todo un esquema y tener todo por basura con tal de conocer a Cristo.

Quiero hablar de Saulo de Tarso, quien después pasaría a llamarse Pablo, quiero hablar de este hombre que casi todos conocen, que fue un siervo de Dios intachable y que guardó la fe hasta lo último.

Pero en este momento quiero hablar de su vida antes de ser el Apóstol Pablo, quiero profundizar en su pasado para que lleguemos a entender la esencia de este mensaje.

Saulo de Tarso era un judío discípulo de Gamaliel, pertenecía a la secta de los fariseos, en cuanto a la ley era irreprensible, celoso de las tradiciones de su padre.

Este hombre estaba persuadido de que era un verdadero hijo de Dios, el arrastraba años con su religión sobre sus espaldas, él pensaba que agradaba a Dios con sus prácticas, con sus oraciones, obedeciendo a su líder y a su religión. Creía con toda certeza que estaba en lo correcto, escudriñaba las escrituras, era el discípulo de Gamaliel uno de los hombres más reconocidos en el grupo fariseo.

Toda su vida fue enseñado según la religión a la que pertenecía…

"Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros" (Hechos 22:3).

El profesaba ser celoso de Dios, como muchos hoy lo profesan, seguía estrictamente cada enseñanza de la ley, como muchos siguen hasta el día de hoy sin quebrantar ninguna enseñanza que le han dado, como si fuera de la voluntad de Dios, te esfuerzas para cumplir con todas las demandas que tu religión te pide.

Cuando la verdadera iglesia del Señor comenzaba, en sus primeros años de vida, Saulo la perseguía con furia; consintió en la muerte de Esteban, todo porque él tenía por seguro que el camino que hasta ese momento estaba transitando era el verdadero, tenía por mentira a la iglesia del Señor, como hoy muchos de los "cristianos" seguidores de hombres populares, desprecian y tiene por mentirosos a los humildes hermanos que llevan fielmente la palabra del Señor, porque no son reconocidos por este mundo, porque no buscan la gloria de los hombres sino de Dios.

Hoy de las tantas ramas que hay siguen surgiendo nuevas, porque salen hombres de las diferentes sectas y abren sus "ministerios" como si la obra de Dios fuera abrir un kiosco. Se jactan del título que tenían en la secta y así piensan que Dios está con ellos, su deseo es crecer al igual que sus líderes antiguos, continúan con muchas cosas de su antigua religión, sólo dejando algunas.

Hermano, esto no debe ser así, debes ser humilde ante Dios y no jactarte del título de hombres que llevabas, porque ciertamente un hombre te lo puso, hasta que esto no acontezca jamás podrás ser libre de la ceguera espiritual para poder ver bien y ser guía de otros, jamás podrás saber si realmente Dios te ha llamado para servirle en el ministerio de la palabra, lo digo por experiencia propia, el llamado no es porque uno lo quiera, sino que Dios muestra su voluntad hacia nosotros.

Porque aquel que te puso el título jamás fue establecido por Dios, por ende mucho menos podrá imponer las manos sobre tu cabeza y pasarte la responsabilidad de ser un pastor u obispo de la iglesia del Señor.

Saulo de tarso vivió años de su vida jactado de su fidelidad a Dios, solo la misericordia de Dios le dio la oportunidad de salir de esa ceguera y conocer verdaderamente cuál era la voluntad del Señor.

Porque sino él hubiera muerto en su pecado espiritual como muchos de sus pares. Hoy existen millones de personas en fornicación espiritual con la misma jactancia de Saulo de Tarso.

Muchos se glorían de las obras que hacen, van a la cárcel, a los hospitales, visitan a familias, etc., etc., ¡pero todo eso es basura para Dios si sigues fundamentado en una denominación y no en el verdadero fundamento que es Cristo!

¡En vano te glorías! Deberías avergonzarte, porque si piensas gloriarte te muestro que hubo un hombre que tuvo más "obras" de la carne en que gloriarse que vos mismo.

“Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible" (Filipenses 3:2-6).

¿Me gloriaré de lo que haya sido en mi religión pasada? ¿O de lo que soy actualmente por pertenecer a un grupo? ¡Por supuesto que no!

Esto yo lo tuve que entender hace unos años atrás, que de ninguna manera me podía jactar de lo que fui en la secta que estuve como líder, llevando comida adulterada a una multitud, que tenía cierta autoridad dentro de esa secta; tuve que permitir que Dios rompiera esto en mi corazón para así ver con claridad y comprender, permitir que Él me limpiara para después llevar la verdadera comida espiritual, incluso a muchos de los que una vez les di alimento podrido.

Pero hoy veo a un montón jactándose de lo que fueron, llevando sus curriculum y experiencias pasadas como si tuviera valor alguno, andan afirmando que son de Dios que siempre tuvieron el Espíritu Santo, aún estando en una terrible secta; otros viven de lugar en lugar, metiéndose siempre en lugares errados por falta de la presencia de Dios y por la terrible ceguera al no reconocer que nunca han conocido a Dios, sino que ellos siempre han tenido al Espíritu Santo, aún cayendo siempre en el error doctrinal.

Tal jactancia no es de Dios, porque nunca tuvieron a Dios ni a su Espíritu, por eso siempre están arrastrados por cualquier doctrina y denominación.

Pero el orgullo les impide reconocer esto y ser sinceros para verdaderamente comenzar a conocer a Cristo tal cual es.

Yo un día tuve que decir, Señor reconozco que no te conozco, que nunca te tuve en mi corazón, que todo lo que fui, incluso pastor de una secta es basura para mi.

Pasaron los años y hoy es diferente, recién ahí pude entender la verdad del Señor.

Saulo de Tarso tuvo muchas más obras de la carne en que jactarse que cualquiera de nosotros, entonces entiende que todo lo que puedas hacer o haber hecho no sirve de nada si sigues de error en error, si sigues siendo cómplice de doctrinas falsas, si sigues de alguna manera involucrado en ministerios caídos como el de Balaam.

Pero Saulo tuvo una oportunidad por misericordia, de conocer la verdad y ser libre, quiero que entiendas que este mensaje si lo aceptas con humildad y te pones a reflexionar, puede librar tu alma.

"Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.
Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados" (Hechos 26: 9-18).

Miren como Saulo creía que era su deber hacer muchas cosas contra el nombre del Señor, muchos hoy aunque digan que lo hacen en nombre del Señor sin darse cuenta hacen todo en contra de su nombre, pero siguen creídos que lo hacen siguiendo la voluntad de Dios.

Cuando Saulo experimentó un encuentro verdadero con el Señor, su corazón se quebró ahora podía ver la verdad, pero él enseguida obedeció y se apartó de forma total de todo aquello que antes había tenido por sublime, dejó su título, su líder, su congregación, sus costumbres, su religión, en fin lo dejó todo, jamás se volvió a enredar entre aquellas cosas vanas, jamás volvió a hablar como antes y ni siquiera copiar o seguir con ciertas cosas de su religión pasada, hubo una transformación total por la voluntad de Dios.

Y tu que dices conocer al Señor, profesas tener temor de él y tener su Espíritu…

¿Por qué sigues mezclado con falsos profetas? ¿Por qué sigues leyendo sus libros? ¿Por qué sigues mezclado entre amigos carnales? ¿Por qué sigues con palabras malas e impuras en tu boca como cuando estabas en el mundo? ¿Por qué sigues asistiendo a las falsas congregaciones?

Simplemente porque nunca has conocido a Dios, no te has arrepentido de verdad, sino que sigues jactado de tu pasado como si fuera algo honroso delante de Dios, yo me avergüenzo de mi pasado.

Mira lo que Saulo quien fue después Pablo hizo y dice de su pasado.

"Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos"(Filipenses 3:7-11).

¿Tú estas dispuesto a perderlo todo en cuanto a lo religioso?

Si no lo estás, nunca lo conocerás, cuantas de las cosas que piensas dentro de ti mismo que son ganancia para tu alma no son otra cosa que abominables delante de Dios y para tu pérdida.

Si realmente amas a Dios no estimarás perder nada de lo que hasta ahora has tenido en tu religión, estás a tiempo de ser hallado por él.

¿Te seguirás jactando en tus obras?

Dios mío enséñanos a obedecerte y guíanos a tu verdad a fin de ganar al Señor.

Que Dios los bendiga!

1 comentario:

ISAI SANTOS dijo...

Bendicionés hermanos... Me fué de mucha bendición. Saludos